¡Cacicadas!
El colmo del sarcasmo de lo que esta sucediendo en
Cartagena bajo el gobierno de Doña Pilar Barreiro es la demolición del
antiguo edificio de las Siervas de Jesús. ¿Qué puede haber más sarcástico
que destruir patrimonio para construir hoteles que alberguen a hipotéticos
turistas que deberían venir a ver un patrimonio que ya no existe y además
arruinar la industria hotelera local?
¿Qué van a venir a ver los futuros turistas a
Cartagena? ¿Un casco histórico modernista destruido por la especulación
y sembrado de farolas globalizadas que cuestan un millón de pesetas
cada una? ¿Una trama urbana destruida como la del PERI de la
universidad? ¿Un montón de solares que llevan años sin construir? ¿Un
palacio consistorial a medio restaurar? ¿Un molinete sin excavar? ¿Los
restos calcinados del antiguo club de regatas? ¿El antiguo espigón de
los siglos XVI-XIX destruido por la autoridad portuaria o los diques de
Feringán destruidos por el Ministerio de Defensa? ¿El convento de San
Ginés de la Jara que se deteriora día tras día? ¿Un cuartel de
instrucción separado del arsenal del que siempre formó parte?.
La gran coartada de este equipo municipal que es el
teatro romano y unos cuantos edificios dispersos se visitan en un día o
dos, y no hace falta
alojarse en un hotel porque hoy en día las comunicaciones permiten
venir rápidamente en coche o autobús y volver a marcharse después, a
la playa por ejemplo.
Pero además de ser un sarcasmo la demolición de las
siervas es un símbolo de lo que esta ocurriendo en esta Cartagena de Doña
Pilar Barreiro, que como alcaldesa es la máxima responsable de lo que
sucede en nuestra ciudad. Aunque bien es verdad que comparte la
responsabilidad con otras personas a las que también mencionaré con
nombres y apellidos, porque con todo el respeto que se debe y que yo
otorgo especialmente a las personas que ocupan un cargo público, son
esas personas concretas las que están consintiendo que ocurran cosas
perjudiciales para esta ciudad. Cada uno es responsable de sus actos y
yo quiero dejar constancia en este caso de la responsabilidad personal
de cada una de las personas implicadas en este asunto.
Con respecto a Doña Pilar Barreiro cabe decir que se
ha ganado ya un lugar preeminente en la historia de Cartagena en los capítulos
de liquidación del conjunto histórico y malversación del patrimonio
municipal. Su habilidad para no resolver los grandes problemas de la
ciudad y crear otros nuevos merecerá a buen seguro un comentario
destacado en las efemérides locales cuando tengamos un mayor
distanciamiento crítico de los hechos y el mal sea ya irremediable.
La
demolición del edificio de las Siervas es además de un pésimo
negocio, porque debía ser del poquísimo patrimonio urbano que le queda
a Cartagena, un símbolo de la forma cobarde y chapucera con la que se
hacen las cosas en este ayuntamiento desmadrado que tenemos.
Cobarde, porque realizar esa demolición deprisa y corriendo, un
fin de semana de agosto, es una verdadera cacicada. Chapucera e ilegal
porque la declaración de ruina de las Siervas no es firme y, en
consecuencia, es una demolición indebida. Porque no existía licencia
de demolición ni el proyecto de demolición había sido visado por el
Colegio de Arquitectos. Porque no se había fallado un recurso de alzada
contra el derribo interpuesto por la Asociación Massiena. Porque en el
expediente faltaba documentación. Porque no existía un plan de
seguridad en el trabajo y algún trabajador podía haber perdido la
vida. La única presencia municipal que hubo en este acto clandestino
fue la policía local que con quince agentes nada menos permitió que se
realizara esta demolición ilegal. Ni técnicos de urbanismo, ni
alcaldesa, ni concejales. ¿Para esto sirve la Policía local?.
No quiero dejar de mencionar que el edificio de las
Siervas tenía grado tres de protección en el antiguo catálogo de
bienes protegidos y en el nuevo que se encuentra en trámite de aprobación.
¿Es esta la forma de proteger el patrimonio histórico de Doña Pilar
Barreiro? ¿Para qué se protegen edificios que después se destruyen?.
¿Quién sino Doña Pilar Barreiro organiza y tolera todos estos
desmanes?
El segundo nombre propio responsable de lo que pasa
en Cartagena es Doña Lourdes Avellá, Directora General de Cultura a la
sazón, que ha demostrado ser persona muy resuelta únicamente en
asuntos como la demolición de las Siervas o el nº 41 de la Calle del
Carmen, o la firma de
permisos de medición arqueológica a familiares directos, por citar
algunos ejemplos. La Sra. Avellá que no tuvo ningún recato en permitir que el
secretario de su consejería –saltando por encima de las competencias
de la Directora de Cultura- autorizara por silencio administrativo la
demolición de cinco edificios protegidos de la calle Sagasta, tampoco
ha tenido reparo en avalar el vergonzoso catálogo de bienes inmuebles
que pretende aprobar Doña Pilar Barreiro y que de aprobarse supondría
la ruina del mal llamado “conjunto histórico” de Cartagena. Por
contraste en cambio la Directora General de cultura es muy timorata y
dubitatitiva cuando se trata de hacer frente a los tiburones de su
partido, de aplicar la ley de patrimonio, de excavar el molinete o de
evitar la ruina de San Gines de la Jara o de la Casa del Piñón por
citar solo algunos ejemplos. La
Sra. Avellá ha sido incapaz de hacer frente a la furia destructora de
la alcaldesa de Cartagena en el caso de las Siervas y ha colaborado
presionando a las entidades consultivas para que apoyaran la demolición
del inmueble. Falta por ver como va a hacer la Sra. Avellá que cumpla
el Ayuntamiento de Cartagena la segunda parte de su resolución donde
dice: “....el inmueble que sustituya (las Siervas) debe conservar el
carácter ambiental de la zona”. Porque eso quiere decir que se deben
respetar los espacios libres existentes y que la edificación no puede
rebasar las tres plantas como se exigió en su día al edificio que se
encuentra entre las Siervas y el Regidor.
Por último quiero subrayar la responsabilidad que
tiene el departamento de historia del arte de la Universidad de Murcia
que ha contribuido junto con el Colegio de arquitectos a respaldar este
disparate.
Creo que el informe de la Universidad de Murcia es
impropio, ambiguo y cobarde. Impropio, porque la función de la
Universidad en este tipo de informes no es constatar la ruina técnica,
para lo que es incompetente además el departamento de historia del
Arte. Ambiguo, porque habla de la demolición en condicional rehuyendo
el pronunciamiento sobre la misma. Y cobarde en fin, porque no se ha
sabido hacer frente con argumentos científicos al capricho de la
alcaldesa de Cartagena. ¿Para qué queremos organismos consultivos que
no cumplen con su obligación?. Por cierto que las casa de los catalanes
que se menciona en el informe no está frente al convento de las
Siervas.
Todo este asunto de las Siervas es muy preocupante no
sólo por las consecuencias que tiene para el patrimonio histórico de
Cartagena y para su economía futura, que también, sino para el estado
de Derecho que se basa en la división de poderes y en la supervisión
de unos por otros. Doña Pilar Barreiro no ha respetado en este como en
tantos otros asuntos las leyes y procedimientos administrativos que son
la garantía de la democracia y además ha contado con la colaboración
de organismos como la Dirección General de Cultura o la Universidad que
deberían estar por encima de las chapuzas municipales. ¿Quién vigila
a quien en este caso? ¿Quién protege a los ciudadanos de los desmanes
de los gobernantes? ¿Quién aplica las leyes en definitiva? Y la última
pregunta que muchos ciudadanos nos hacemos en estos días: ¿Si se
transgrede la ley en cosas tan evidentes y visibles que estará
sucediendo en la trastienda? ¿Quién pone orden en este batiburrillo?
Juan-Miguel Margalef
Presidente
de ADEPA
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